Este año me adelanto un poco a mi cumpleaños para hacer balance y compartir con vosotros mi aprendizaje número 34 tras un año muy completo en todos los sentidos.
A veces, la vida tiene una forma caprichosa de enseñarte cosas, y un aparente error o fracaso es la excusa perfecta para descubrir un mundo totalmente diferente, un mundo que no formaba parte de sus “opciones prefijadas”. Algunos errores abren puertas que no se nos hubiera ocurrido franquear porque estaban fuera de nuestra visión del mundo.
Este año me he dado cuenta de que uno llega hasta donde puede llegar y, más que sentirnos culpables, debemos sentirnos orgullosos porque sólo desde ahí podremos seguir construyendo siempre. La perfección puede ser más un verdugo que un compañero de viaje cuando no la miramos desde la objetividad o no nos miramos a nosotros mismos desde el cariño y la compasión. De hecho, no todas las situaciones y personas merecen el mismo nivel de esfuerzo por lo que hacer menos puede ayudarte a conseguir más.
Cuando no estés seguro de tomar una decisión o tomar otra, piensa en qué te haría más feliz al final. Y con esto me refiero a lo que te haría feliz A TI y no lo que queda mejor o lo que te posicionará mejor ante los otros porque cada uno tenemos unos valores y unos momentos vitales diferentes. Además, tenemos derecho a cambiar de opinión, de dirección y crear nuestra vida cada día.
Quien bien te quiere, NO te hará llorar así que alimenta tus relaciones positivas con muuuucho amor.

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